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Pilotos de Leyenda, en Tierras mendocinas

Jean Mermoz se integra como piloto a la Línea Aérea Aeropostal en 1924. Cinco años después, dirige la expansión de la misma en Sudamérica. Su gran talento le permite explorar y definir nuevas rutas aéreas. En el otoño de 1929, desafía a diario la Cordillera de los Andes en búsqueda de los pasos ideales.
potez 25 laguna del diamante guillaumet mendoza
En 1926, con 24 años, Henri Guillaumet se incorpora a la compañía. Allí comienza tripulando en el recorrido Toulouse-Barcelona-Alicante. El 14 de junio de 1929, acompaña a Mermoz en el vuelo inaugural de la línea Buenos Aires –Mendoza – Santiago de Chile. Esta línea quedaría a su cargo, y en menos de dos años atravesaría en más de 300 oportunidades la muralla Andina.
El 13 de junio 1930, Saint- Exupery, recientemente nombrado Director del Aeropostal Argentina, se dirige hacia Mendoza para rescatar a Guillaumet, desaparecido en plena montaña. Seis días después, vuela hacia San Carlos al encuentro de su amigo sobreviviente. Saint-Exupery transcribiría la epopeya andina y las reflexiones de Guillaumet en su novela “Tierra de Hombres”.
Estos tres pioneros de la aviación serían enlazados por una gran amistad. Cruzan sus  respectivas vías durante toda la existencia de Aeropostal y sucesivamente superan los peligros del desierto, sobrevuelan la cordillera de los Andes y atraviesan el Atlántico con una misión común: llevar el correo en forma y tiempo a destino. Cuando Aeropostal quiebra en 1931, sus caminos se separan. Pero sólo será por un tiempo. El destino de estos pilotos de excepción se unirá nuevamente en la posteridad. Los tres tendrían el mismo desenlace, se estrellarían de manera misteriosa, volando hacia su eternidad. El 7 de diciembre de 1936, Mermoz,  al comando de un Hidroavión desaparece en el Atlántico sur. El 27 de noviembre de 1940, Guillaumet se volatiliza sobre el Mar Mediterráneo. El 31 de julio 1944, “El Principito” despega por última vez hacia un planeta imaginario.
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Director de Aeropostal Argentina

El famoso escritor francés también es uno de los héroes y pioneros de la Aeropostal. El 11 de octubre de 1926, Aeropostal contrata a Saint-Exupery para volar la ruta Toulouse-Casablanca-Dakar. En 1929, es nombrado Director de la Compañía Aeropostal Argentina y asignado a Buenos Aires, donde participa como piloto en la creación de la línea que debía cubrir la Patagonia. De sus numerosos vuelos en Argentina, nace su amistad con Guillaumet y Mermoz.

El máximo aporte de Saint-Exupery fue su lectura de la aventura Aeropostal que nos legó en varias novelas.  En 1931 la publicación “Vuelo Nocturno” cuenta el desenlace de un vuelo trágico en la noche argentina. Luego en 1939 “Tierra de hombres”, premiada por la Academia Francesa, se convierte en testimonio de las hazañas y desafíos de los pilotos.  Algunos años después, sus vivencias y amistades en América del Sur inspirarían la creación de su obra maestra, “El Principito”.

El Angel de la Laguna del Diamante

Desde 1929, se enfrenta a una de las conexiones más peligrosas de Aeropostal: la travesía Mendoza – Santiago de Chile. En menos de dos años cruza en 389 oportunidades Los Andes, tanto en verano como invierno. Constantemente las condiciones climáticas desafían su habilidad de piloto y pone a prueba su mono-motor sin cabina, el Potez 25.

Al comando de su nave, el 13 de junio de 1930, Guillaumet despega de Santiago de Chile rumbo a Buenos Aires. Frente a las intemperies, intenta sortear las tormentas a través de la vía Sur. Las turbulencias son cada vez más fuertes y lo obligan a realizar un aterrizaje forzoso en el llano de las congeladas aguas de la Laguna del Diamante. Durante seis días, con las pocas provisiones que llevaba a bordo, camina sin rumbo por la imponente montaña. Allí nace la leyenda “el Ángel de la Cordillera.”

Agotado, con los pies congelados y la ropa destrozada, es finalmente rescatado en el fondo del cajón del Yaucha, por el gaucho Juan Carlos García. Cuando su íntimo amigo Antoine de Saint Exupéry conoce la noticia, esperando en el Plaza Hotel, vuela hasta su encuentro en San Carlos. En su libro “Tierra de Hombres”, inmortaliza las primeras reflexiones de Guillaumet: “lo que salva es dar un paso más otro paso, es siempre el mismo p aso que uno recomienza”.

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henri guillaumet aeropostal
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jean mermoz aeropostal

El Arcangel

En 1929, Aeropostal se propone abrir nuevas rutas entre Buenos Aires y Santiago de Chile. Jean Mermoz inicia esta aventura con un gran desafío: los aviones Laté 25 no pueden sobrevolar los 4500 metros, lo que impide superar la barrera de 6000 de la Cordillera.

Con los primeros vuelos exploran nuevas rutas con éxito hasta el 9 de marzo de 1929. Ese día, se intentaría establecer una nueva ruta entre la ciudad de Copiapó y la ciudad de La Rioja. Volando sobre  el altiplano en uno de los puntos más altos de la cordillera, los motores no son suficientes. Las turbulencias no hacen más que proyectarlo en abismos. Mermoz, con su agilidad mítica, provoca un aterrizaje forzoso en una cornisa nevada.

Con su copiloto, Alexandre Collenot, permanecen tres días y dos noches bajo las frías temperaturas, a una gran altitud y sin provisiones. Finalmente, y reparado de milagro,  lanzan el mono-motor al precipicio. Al rebotar en varias cimas, y como si fuera un cóndor, consigue levantar vuelo en una corriente ascendente para escapar de la “cárcel andina”. Así nace el mito del “Arcángel”, apodo de Mermoz, por sus habituales hazañas en la cordillera de los Andes.

Jean Mermoz se integra como piloto a la Línea Aérea Aeropostal en 1924. Cinco años después, dirige la expansión de la misma en Sudamérica. Su gran talento le permite explorar y definir nuevas rutas aéreas. En el otoño de 1929, desafía a diario la Cordillera de los Andes en búsqueda de los pasos ideales.

En 1926, con 24 años, Henri Guillaumet se incorpora a la compañía. Allí comienza tripulando en el recorrido Toulouse-Barcelona-Alicante. El 14 de junio de 1929, acompaña a Mermoz en el vuelo inaugural de la línea Buenos Aires –Mendoza – Santiago de Chile. Esta línea quedaría a su cargo, y en menos de dos años atravesaría en más de 300 oportunidades la muralla Andina.

El 13 de junio 1930, Saint-Exupery, recientemente nombrado Director del Aeropostal Argentina, se dirige hacia Mendoza para rescatar a Guillaumet, desaparecido en plena montaña. Seis días después, vuela hacia San Carlos al encuentro de su amigo sobreviviente. Saint-Exupery transcribiría la epopeya andina y las reflexiones de Guillaumet en su novela “Tierra de Hombres”.

Estos tres pioneros de la aviación serían enlazados por una gran amistad. Cruzan sus  respectivas vías durante toda la existencia de Aeropostal y sucesivamente superan los peligros del desierto, sobrevuelan la cordillera de los Andes y atraviesan el Atlántico con una misión común: llevar el correo en forma y tiempo a destino. Cuando Aeropostal quiebra en 1931, sus caminos se separan. Pero sólo será por un tiempo. El destino de estos pilotos de excepción se unirá nuevamente en la posteridad. Los tres tendrían el mismo desenlace, se estrellarían de manera misteriosa, volando hacia su eternidad. El 7 de diciembre de 1936, Mermoz,  al comando de un Hidravión desaparece en el Atlántico sur. El 27 de noviembre de 1940, Guillaumet se volatiliza sobre el Mar Mediterráneo. El 31 de julio 1944, “El Principito” despega por última vez hacia un planeta imaginario.

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Director de Aeropostal Argentina

El famoso escritor francés también es uno de los héroes y pioneros de la Aeropostal. El 11 de octubre de 1926, Aeropostal contrata a Saint-Exupéry para volar la ruta Toulouse-Casablanca-Dakar. En 1929, es nombrado Director de la Compañía Aeropostal Argentina y asignado a Buenos Aires, donde participa como piloto en la creación de la línea que debía cubrir la Patagonia. De sus numerosos vuelos en Argentina, nace su amistad con Guillaumet y Mermoz.

El máximo aporte de St Exupery fue su lectura de la aventura Aeropostal que nos legó en varias novelas.  En 1931 la publicación “Vuelo Nocturno” cuenta el desenlace de un vuelo trágico en la noche argentina. Luego en 1939 “Tierra de hombres”, premiada por la Academia Francesa, se convierte en testimonio de las hazañas y desafíos de los pilotos.  Algunos años después, sus vivencias y amistades en América del Sur inspirarían la creación de su obra maestra,El Principito”.

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El Angel de la Laguna del Diamante

Desde 1929, se enfrenta a una de las conexiones más peligrosas de Aeropostal: la travesía Mendoza – Santiago de Chile. En menos de dos años cruza en 389 oportunidades Los Andes, tanto en verano como invierno. Constantemente las condiciones climáticas desafían su habilidad de piloto y pone a prueba su mono-motor sin cabina, el Potez 25.

Al comando de su nave, el 13 de junio de 1930, Guillaumet despega de Santiago de Chile rumbo a Buenos Aires. Frente a las intemperies, intenta sortear las tormentas a través de la vía Sur. Las turbulencias son cada vez más fuertes y lo obligan a realizar un aterrizaje forzoso en el llano de las congeladas aguas de la Laguna del Diamante. Durante seis días, con las pocas provisiones que llevaba a bordo, camina sin rumbo por la imponente montaña. Allí nace la leyenda “el Ángel de la Cordillera.”

Agotado, con los pies congelados y la ropa destrozada, es finalmente rescatado en el fondo del cajón del Yaucha, por el gaucho Juan Carlos García. Cuando su íntimo amigo Antoine de Saint Exupéry conoce la noticia, esperando en el Plaza Hotel, vuela hasta su encuentro en San Carlos. En su libro “Tierra de Hombres”, inmortaliza las primeras reflexiones de Guillaumet: “lo que salva es dar un paso más otro paso, es siempre el mismo paso que uno recomienza”.

jean mermoz aeropostal
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El Arcangel

En 1929, Aeropostal se propone abrir nuevas rutas entre Buenos Aires y Santiago de Chile. Jean Mermoz inicia esta aventura con un gran desafío: los aviones Laté 25 no pueden sobrevolar los 4500 metros, lo que impide superar la barrera de 6000 de la Cordillera.

Con los primeros vuelos exploran nuevas rutas con éxito hasta el 9 de marzo de 1929. Ese día, se intentaría establecer una nueva ruta entre la ciudad de Copiapó y la ciudad de La Rioja. Volando sobre  el altiplano en uno de los puntos más altos de la cordillera, los motores no son suficientes. Las turbulencias no hacen más que proyectarlo en abismos. Mermoz, con su agilidad mítica, provoca un aterrizaje forzoso en una cornisa nevada.

Con su copiloto, Alexandre Collenot, permanecen tres días y dos noches bajo las frías temperaturas, a una gran altitud y sin provisiones. Finalmente, y reparado de milagro,  lanzan el mono-motor al precipicio. Al rebotar en varias cimas, y como si fuera un cóndor, consigue levantar vuelo en una corriente ascendente para escapar de la “cárcel andina”. Así nace el mito del “Arcángel”, apodo de Mermoz, por sus habituales hazañas en la cordillera de los Andes.